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El primer movimiento feminista de la historia se desarrolló en Inglaterra y otras partes del mundo como Iberoamericana a lo largo del siglo XXI y principios del siglo XX. Pero, por otra parte, el movimiento de liberación de las mujeres, una alineación política de la mujer y del intelectualismo feminista, surgió a finales de la década de 1960.

A lo largo de los últimos años, la palabra feminismo ha ido tomando relevancia en muchos contextos, en algunos de ellos rodeada de una connotación negativa. La Real Academia Española (RAE) define el feminismo como “el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre, así como el movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”.

La mujer y la educación

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En 1813 existía la creencia de que la mujer no debía estudiar porque la alejaba de su rol de madre y esposa. Por este motivo, la educación de las niñas se relacionaba con el rezo, el aprendizaje de tareas domésticas y materias relacionadas con los niños. La posibilidad al acceso de una educación básica fue reducida, sólo quedaba reservada a las mujeres de clase alta que recibían una introducción a la música o dibujo.

A fines del siglo XVIII y principios del siglo XXI surge la necesidad de educar a las niñas, especialmente a las pertenecientes a la clase baja, ya que debían contar con algún conocimiento para poder trabajar. Ellas asistieron a las escuelas, se formaron como maestras y cursaron estudios superiores.

El 8 de marzo de 1991 se crea el Consejo Coordinador de Políticas Públicas para la Mujer (hoy es el Consejo Nacional de la Mujer). Su función principal es generar una experiencia educativa que motive el aprendizaje de relaciones de equidad y solidaridad entre géneros, participación activa de ambos sexos en la vida ciudadana, y la integración de la mujer en los niveles de decisión.

8 de marzo: “Día internacional de la mujer”

Aunque mucha gente tenga como costumbre regalar flores o referirse al día como “feliz”, lo cierto es que está lejos de tratarse de un día festivo y contrariamente a lo que se cree en muchos círculos sociales. Su origen se enmarca en un contexto histórico e ideológico determinado por profundas desigualdades de género.

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El 8 de marzo de 1857 miles de trabajadoras textiles decidieron salir a las calles de Nueva York con el lema “Pan y Rosas” en protestar por las míseras condiciones laborales y para reivindicar un recorte del horario y el fin del trabajo infantil (fue una de las primeras manifestaciones en lucha por los derechos). Distintos movimientos y sucesos ocurrieron a partir de entonces.

Sin embargo, el suceso transcendental que marcó la diferencia, se produjo el 8 de marzo de 1908 donde 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo. El motivo se debía a la búsqueda de una reducción de jornada laboral a 10 horas, un salario igual al que percibían los hombres que hacían las mismas actividades y las malas condiciones de trabajo que padecían. El dueño de la fábrica ordenó cerrar las puertas del edificio para que las mujeres desistieran y abandonaran el lugar. Sin embargo, el resultado fue la muerte de las obreras que se encontraban en el interior de la fábrica.

El 3 de mayo de ese mismo año, se realizó un acto por el día de la mujer en Chicago, preámbulo para que el 28 de febrero de 1909 (en Nueva York) se conmemore por primera vez el “Día Nacional de la Mujer” organizado por destacadas mujeres socialistas como Corinne Brown y Gertrude Breslau-Hunt.

En Europa, fue en 1910 cuando durante la segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague (Dinamarca) con la asistencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, se decidió proclamar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Detrás de esta iniciativa estaban defensoras de los derechos de las mujeres como Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo. No fijaron una fecha concreta, pero sí el mes: marzo. Como consecuencia de esa cumbre de Copenhague, el mes de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día de la Mujer en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

Las mujeres reclamaron el derecho a votar, a ocupar cargos públicos, a trabajar, a la formación profesional y a la no discriminación laboral. Coincidiendo con la primera guerra mundial, la fecha se aprovechó en toda Europa para protestar por las consecuencias de la guerra.

La celebración se fue ampliando progresivamente a más países. Rusia adoptó el Día de la Mujer tras la Revolución comunista de 1917. Le siguieron muchos países, en China por ejemplo, se conmemora desde 1922, mientras que en España se celebró por primera vez en 1936.

El color morado es el color representativo del Día de la Mujer, y el que adoptan las mujeres o los edificios como signo de la reivindicación. En los ’60 y los ’70 las mujeres socialistas escogieron este color como símbolo de la lucha feminista y posteriormente se le asoció a la jornada que se celebra cada Marzo.

Al día de la fecha, las mujeres siguen alzando la voz para conseguir la igualdad, el respeto y la liberación.

Elizabeth Blackwell

Fue la primera mujer en ser admitida en una escuela de medicina.

Nació en Inglaterra un 3 de febrero de 1821, siendo la tercera de nueve hijos. El nombre de su madre era Hannah Lane y Samuel Blackwell era su padre, un conocido refinador de azúcar.

Elizabeth fue criada en una familia con suficiente capacidad económica como para pagar la educación de ella y cada uno de sus hermanos.

El matrimonio Blackwell era abolicionista y progresista. En lugar de golpear a sus hijos si se portaban mal, anotaban sus faltas en un cuaderno negro, cuando las faltas eran lo suficientemente cuantiosas, el infractor pasaría encerrado en el ático la hora de la cena y consideraban que tanto niños como niñas debían desarrollar sus talentos y dones. Por ese motivo, no solo contaban con una institutriz, sino también con tutores privados. Esta perspectiva era muy poco común en la época, ya que la mayoría pensaba que el lugar adecuado de una mujer era el hogar y los deberes domésticos, teniendo en cuenta por supuesto, ser buena esposa y estar dispuesta a procrear.

En 1831 la familia emigró a Cinccinati, Estados Unidos, donde su padre estableció una refinería en Nueva York. Tras su muerte, Elizabeth, con apenas diecisiete años, abrió junto a sus hermanas una escuela para aliviar la apurada situación financiera en que quedó la familia.

Empezó a interesarse realmente en la medicina tras la muerte de su amiga, se lamentaba por no contar con mujeres médicos. Así que poco tiempo después, presentó solicitud a más de quince universidades, las cuales todas fueron rechazadas, hasta que finalmente fue admitida en el Geneva Medical College en la Ciudad de Nueva York, después de someterlo a votación con los estudiantes varones, quienes estuvieron a favor.

El 11 de enero de 1849 se convertiría en la primera mujer en recibir el título de doctora en medicina, en ese país. La prensa local informó el suceso favorablemente y cuando el decano le entregó el título, se inclinó ante ella.

Luego emprendió su viaje por Europa, pasando primero por Reino Unido y después por París, donde ejerció en maternidad. Mientras trataba a un bebé con oftalmia neonatal, su ojo izquierdo entró en contacto con una solución infectada de la cirugía, resultando en una infección ocular que requirió la extirpación quirúrgica de su ojo y reemplazo con un ojo de vidrio. Aquello sin duda, truncaría su carrera de cirujana. Poco después, vuelve a Inglaterra donde conoce a Florence Nightingale y al regresar a los Estados Unidos, fundó junto a su hermana Emily, una Escuela de Enfermería para mujeres. El estallido de la Guerra de Secesión las daría a conocer, tanto a ellas dos como a sus primeras discípulas.

Terminada la guerra, en 1868 fundó una Universidad de Medicina para mujeres y al año siguiente marchó a Inglaterra donde ejerció la cátedra de ginecología hasta su jubilación en 1907. Ese mismo año, mientras se encontraba de vacaciones en Kilmun (Escocia), sufrió una grave caída por las escaleras que la dejó discapacitada física y mentalmente. Murió en su casa en Hampton, Sussex el 31 de mayo de 1910 después de sufrir un derrame cerebral que le paralizó la mitad del cuerpo.

Elizabeth, además, fue escritora de numerosos tratados para difundir entre la población femenina, consejos y recomendaciones para mejorar la higiene y la salud.

Decisiones propias de la mujer

En 1961 se promulga la ley sobre los derechos políticos, profesionales y laborales de la mujer (Ley 56/1961) que les permitía trabajar fuera de la casa, aunque estuvieran casadas.

La Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos aprobó el uso de la píldora anticonceptiva un 09 de Mayo de 1960 gracias a la activista Margaret Sangerque quien insistió a los científicos para que la hicieran.

 

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Margaret se transformó en la principal impulsora del control de la natalidad en Estados Unidos (en una época en que estaba prohibida oficialmente), convencida de que, si las mujeres querían evitar los embarazos no deseados, debían ellas mismas tener el control de la anticoncepción.

Luego del lanzamiento de la píldora al mercado un 18 de agosto de 1961, la mujer pudo decidir si quedaba o no embarazada o no, por primera vez en la historia. Pudo tener el control de decidir su maternidad, lo cual le permitió tener el control en la relación sobre su marido, incorporarse masivamente a estudios superiores y al mundo laboral, se transformó en dueña de su sexualidad y redefinió para siempre la sociedad en todo el mundo.

Moda y restricciones

El principio de los ’70 fue un mayor homenaje a los años ’50, conservador y moderado. Faldas largas, sacos y sombreros, zapatos de tacón bajo y finos aretes. Sin embargo, al final de la década, fue todo lo contrario: Tonos brillantes y llamativos, camisetas psicodélicas, faldas cortas, pelo largo y prendas cómodas

A mediados de los años ’60, la industria de la moda sufrió un proceso de innovación y revolución, gracias a la diseñadora Mary Quant, quien impuso la moda “MINI”, que no era más que un pequeño trozo de tela. Este “pequeño trozo de tela” provocó la ira y el escándalo de unos padres de moral conservadora de la época, tachando a este estilo de moda inmoral provocada por una música satánica.

Según la diseñadora, era una falda que la sociedad pedía a gritos: “No fui yo quien la inventó, fue la calle”. Y para el año 1961, las faldas se habían elevado al menos, hasta la mitad de las rodillas. Solo los jóvenes continuaron utilizándolas cortas.

Lolas libres: ¿Moda o Liberación Feminista?

El sujetador, corpiño, brasier u otros tantos nombres que se le dan en el mundo, es una prenda que nació a principios del siglo pasado por y para nosotras, sin distinción de edad y tamaño.

La realidad es que desde algunos años muchas feministas lo ven como un símbolo de liberación y revolución de la mujer. La pregunta de muchas es: ¿Por qué los hombres pueden hacer “toples” libremente y andar con sus pechos desnudos y las mujeres tienen que taparse? Solo por el hecho de tener más “volumen”.

En 1967 comenzó el sujetador a tomarse como objeto de sinónimo de liberación femenina, cuando la diseñadora Rudi Gernreich creó el “NO sujetador”, una prenda cómoda, sin aros metálicos que incomodaban a la mujer, y con telas más transparentes. Esto ya fue un gran cambio para la moda del público femenino. Si comparamos la ropa interior de ahora, con la del siglo pasado, claramente vemos un gran avance de libertad y revolución en el rubro de la vestimenta.

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Los comienzos en contra del uso del sujetador, comenzó en 1968 en la ciudad de Atlantic City en Estados Unidos, cuando un grupo de feministas que asistieron a la manifestación en contra del concurso de Miss América decidieron tirar sus corpiños en un cesto de basura llamado: “cubo de basura para la libertad”. A partir de esta segunda ola del feminismo, se empezó a ver al sujetador en muchos casos como sinónimo de opresión o de mandatos sociales, respecto a lo que la mujer debe vestir para ser socialmente aceptada y respetada.

Son muchas las razones por las cuales las mujeres, usan o no corpiño. Lo importante es que cada una elija si en verdad desea usarlo y si se siente bien haciéndolo, que no sea por una presión social de cómo se debe vestir y/o comportarse una mujer. Nosotras decidimos, el cuerpo es nuestro.

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